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Noticias de Eritrea

Más de 17.000 niñas en España están en riesgo de sufrir mutilación genital
La ablación no es una realidad lejana. Unas 17.000 niñas residentes en España están en riesgo de sufrir mutilación genital, según las estimaciones que maneja el Gobierno. Este 6 de febrero se celebra el Día Internacional de Tolerancia Cero contra esta práctica a la que han sido sometidas hasta 140 millones de mujeres y niñas en todo el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Guinea, Egipto, Somalia, Malí o Eritrea son algunos de los países donde hay mayor prevalencia. En algunos casos supera el 90 por ciento de mujeres mutiladas. Son 28 los países africanos reconocidos por la práctica de la mutilación genital, pero también se encuentra en otros de Asia y Oriente Medio. Los flujos migratorios han trasladado el problema e inmigrantes residentes en España viajan para mutilar a sus hijas en África. «La mutilación se produce fuera de nuestras fronteras y de nuestra jurisdicción», reconoció ayer Concha López, directora general de la ONG Plan International en un acto celebrado ayer en la Asamblea de Madrid. «Por eso no se puede trabajar solo con medidas coercitivas». Ellos trabajan sobre el terreno el enfoque educativo, cultural y económico. Pero las cifras siguen siendo «muy alarmantes y con pocos avances». Unos 85 millones de menores corren el riesgo de ser mutiladas hasta 2030 según la OMS. Una tradición arraigada La práctica se realiza desde el séptimo día de vida de las mujeres hasta su primera regla, antes de que las niñas puedan comprender qué está ocurriendo. «Hasta que no cumplí catorce años no empecé a entender lo que había pasado», dice Nkhata, de Kenia. Tenía nueve años cuando su abuela la llamó para hablar con ella. «Solo recuerdo sentirme aterrorizada y desear escapar de allí, pero estaba muy oscuro. Dos mujeres, una de ellas mi tía, me sujetaron. Lo siguiente que sentí fue un dolor muy agudo». Cuando años después le preguntó a su madre por qué lo había permitido, esta le contestó que «no quería ser etiquetada como rebelde y traidora de esta norma cultural». En África la mutilación es una tradición arraigada por cultura y religión. También es el oficio de muchas mujeres. Ser mutilada supone aumentar la dote de la hija y ser aceptada por el resto de su comunidad, incluso aunque esté prohibido por ley en el país. Pero los efectos sobre la salud de las mujeres son irreversibles. Según cuenta Charlotte Alvarenga, trabajadora de Plan Internacional en Guinea Bissau, las consecuencias van desde dolores, hemorragias, infecciones, dificultades para orinar o problemas sexuales hasta la fusión no intencionada de los labios o complicaciones durante el parto —como desgarros o hemorragias postparto—. En algunos casos, también la muerte. Por eso, dice, la lucha contra la mutilación debe ser una prioridad. No puede ser un problema invisible. Charlotte Alvarenga- ISABEL PERMUY «La ablación desaparecerá cuando las comunidades entiendan sus consecuencias» Charlotte Alvarenga trabaja en Guinea Bissau concienciando de los efectos de la mutilación. «Empezamos con los líderes de cada comunidad, aunque su primera reacción no suele ser la más positiva», dice. Tiene todo en contra: las costumbres, la religión, incluso la economía (ya que muchas mujeres se ganan la vida así), pero ella cree que, cuando todos comprendan sus consecuencias, la erradicación de la mutilación genital femenina será posible. «En las comunidades donde trabajo muchos dicen que no conocían sus efectos y que no quieren hacérselo a sus hijas». Sin embargo, Charlotte sigue recordando emocionada cómo una joven mutilada se preguntaba, sin encontrar respuesta, cómo su propia abuela pudo hacerle eso.


sevilla.abc.es | 2/6/16 1:42 AM
Más de 17.000 niñas en España están en riesgo de sufrir mutilación genital
La ablación no es una realidad lejana. Unas 17.000 niñas residentes en España están en riesgo de sufrir mutilación genital, según las estimaciones que maneja el Gobierno. Este 6 de febrero se celebra el Día Internacional de Tolerancia Cero contra esta práctica a la que han sido sometidas hasta 140 millones de mujeres y niñas en todo el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Guinea, Egipto, Somalia, Malí o Eritrea son algunos de los países donde hay mayor prevalencia. En algunos casos supera el 90 por ciento de mujeres mutiladas. Son 28 los países africanos reconocidos por la práctica de la mutilación genital, pero también se encuentra en otros de Asia y Oriente Medio. Los flujos migratorios han trasladado el problema e inmigrantes residentes en España viajan para mutilar a sus hijas en África. «La mutilación se produce fuera de nuestras fronteras y de nuestra jurisdicción», reconoció ayer Concha López, directora general de la ONG Plan International en un acto celebrado ayer en la Asamblea de Madrid. «Por eso no se puede trabajar solo con medidas coercitivas». Ellos trabajan sobre el terreno el enfoque educativo, cultural y económico. Pero las cifras siguen siendo «muy alarmantes y con pocos avances». Unos 85 millones de menores corren el riesgo de ser mutiladas hasta 2030 según la OMS. Una tradición arraigada La práctica se realiza desde el séptimo día de vida de las mujeres hasta su primera regla, antes de que las niñas puedan comprender qué está ocurriendo. «Hasta que no cumplí catorce años no empecé a entender lo que había pasado», dice Nkhata, de Kenia. Tenía nueve años cuando su abuela la llamó para hablar con ella. «Solo recuerdo sentirme aterrorizada y desear escapar de allí, pero estaba muy oscuro. Dos mujeres, una de ellas mi tía, me sujetaron. Lo siguiente que sentí fue un dolor muy agudo». Cuando años después le preguntó a su madre por qué lo había permitido, esta le contestó que «no quería ser etiquetada como rebelde y traidora de esta norma cultural». En África la mutilación es una tradición arraigada por cultura y religión. También es el oficio de muchas mujeres. Ser mutilada supone aumentar la dote de la hija y ser aceptada por el resto de su comunidad, incluso aunque esté prohibido por ley en el país. Pero los efectos sobre la salud de las mujeres son irreversibles. Según cuenta Charlotte Alvarenga, trabajadora de Plan Internacional en Guinea Bissau, las consecuencias van desde dolores, hemorragias, infecciones, dificultades para orinar o problemas sexuales hasta la fusión no intencionada de los labios o complicaciones durante el parto —como desgarros o hemorragias postparto—. En algunos casos, también la muerte. Por eso, dice, la lucha contra la mutilación debe ser una prioridad. No puede ser un problema invisible. Charlotte Alvarenga- ISABEL PERMUY «La ablación desaparecerá cuando las comunidades entiendan sus consecuencias» Charlotte Alvarenga trabaja en Guinea Bissau concienciando de los efectos de la mutilación. «Empezamos con los líderes de cada comunidad, aunque su primera reacción no suele ser la más positiva», dice. Tiene todo en contra: las costumbres, la religión, incluso la economía (ya que muchas mujeres se ganan la vida así), pero ella cree que, cuando todos comprendan sus consecuencias, la erradicación de la mutilación genital femenina será posible. «En las comunidades donde trabajo muchos dicen que no conocían sus efectos y que no quieren hacérselo a sus hijas». Sin embargo, Charlotte sigue recordando emocionada cómo una joven mutilada se preguntaba, sin encontrar respuesta, cómo su propia abuela pudo hacerle eso.


www.abc.es | 2/6/16 1:42 AM
Expertos de la ONU piden al Consejo de Seguridad un embargo de armas para Sudán del Sur
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas debería imponer un embargo de armas a Sudán del Sur, según asegura un informe confidencial realizado por expertos de la organización. El documento, al que ha tenido acceso en exclusiva la agencia Reuters, apela por la inclusión en estas sanciones del presidente, Salva Kiir, así como del antiguo vicepresidente, ahora convertido en líder rebelde, Riek Machar . Recientemente, la propia ONU denunciaba que el Gobierno y las fuerzas rebeldes de Sudán del Sur, en conflicto desde diciembre de 2013, han perpetrado ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas y violaciones en grupo. «Muy pocos lugares en las zonas de conflicto han estado a salvo, ya que las partes han atacado intencionalmente refugios tradicionales, como lugares de culto, hospitales y, de vez en cuando, las bases de las Naciones Unidas», aseguraba el documento. «Estos ataques revelan un desprecio chocante por la vida, con un número cada vez mayor de grupos armados involucrados en la violencia», añadía. El origen de los enfrentamientos se remonta a finales de 2013, cuando el actual presidente, Salva Kiir, de la etnia dinka, acusó a su histórico rival político, el exvicepresidente Riek Machar, de la etnia nuer, de planear la toma del poder por la fuerza, lo que degeneró en disturbios armados en amplias regiones del país. En agosto pasado, es cierto, ambos rivales acordaban poner fin a las hostilidades. Aunque nada de esto se ha producido. Es más, desde entonces, en las comarcas centrales y meridionales del estado de Unity, decenas de pueblos han sido arrasados, los cultivos de alimentos destruidos y el ganado saqueado, en una estrategia deliberada por el Gobierno y el Ejército para privar a los civiles de cualquier fuente de sustento y forzar su desplazamiento. Medida poco efectiva En la actualidad, ocho naciones del continente africano sufren un embargo de armas por parte de Naciones Unidas: República Democrática del Congo, Costa de Marfil, Eritrea, Liberia, Libia, República Centroafricana, Somalia y Sudán (del norte). Los datos, eso sí, demuestran que el mercado bélico goza de buena salud. Y no solo por el acuciante número de muertos. Ya en 2008, un estudio del grupo de vigilancia de Naciones Unidas aseguraba que, a pesar de la medida correctiva que impera en Somalia, hasta un 80 por ciento de las armas y municiones donados por la comunidad internacional al Gobierno de Mogadiscio terminaron en manos privadas . A su vez, y de forma global, el gasto militar creció en un 91% en el continente africano desde 2005 hasta 2014.


sevilla.abc.es | 1/27/16 8:58 AM
Frobenius, espía por amor al arte
Una fría noche de 1915, en plena I Guerra Mundial, un extraño grupo vestido a la usanza árabe subió clandestinamente a bordo del navío francés Desaix en el puerto de Massawa, Eritrea, accediendo al barco a través de las letrinas. «Tras permanecer en dicho escondite tan poco romántico, llegaron a cubierta por un agujero cuya utilidad sería difícil describir sin recurrir al lenguaje soez», informaría después un despacho del embajador británico en Roma. Los servicios secretos de media Europa sabían ya a esas alturas que el etnólogo y arqueólogo alemán Leo Frobenius trataba de cruzar de incógnito el Mar Rojo con una misión secreta: soliviantar a tribus africanas contra los enemigos de Alemania. Frobenius, posiblemente el agente secreto más torpe de la época, no logró llegar a Etiopía. Embarcó en un crucero de lujo alemán, el «Christian X», sin duda más acorde a sus gustos aristocráticos, y regresó a Alemania para volver a intentar reiteradamente viajes a Arabia, en compañía de bailarines exóticos, y a Egipto, donde fue detenido por «ladrón» y «embaucador». Pero lo que movía estas esperpénticas expediciones no era precisamente su patriotismo bélico. Lo que Frobenius perseguía era, sirviéndose de su actividad como espía, seguir ampliando su obsesiva recopilación de material sobre el arte paleolítico, una colección cuyos principales elementos exhibe el Museo Martin-Gropuis de Berlín. Acuarela de Elisabeth Mannsfeld (1999). Copia de «Procesión» (Zimbabue, 8000-2000 a.C.)- INSTITUTO FROBENIUS Leo Viktor Frobenius (1873-1938), discípulo de Ratzel y profesor de la Universidad de Fráncfort, realizó 12 expediciones a África entre 1904 y 1935. Además de abundante material etnográfico que se convirtió en la base de la teoría del Kulturkreis, que contempla la cultura como un organismo vivo que se desarrolla de acuerdo a sus propias leyes biológicas, realizó reproducciones de obras hoy perdidas de valor incalculable. Una vez llegados a Alemania, sus testimonios materiales de la creatividad arcaica, tan en contradicción con la teoría evolutiva y con el creciente racismo, encontraron dificultades institucionales que Frobenius iba sorteando gracias a peripecias burocráticas y académicas con las administraciones de Guillermo II, la República de Weimar e incluso del Tercer Reich. En 1937, año de la exposición «Arte Degenerado» en Alemania, consiguió financiación oficial para exponer varios de sus hallazgos en Nueva York. El arte del pretiempo «Hoy es bastante evidente que la difusión de este arte prehistórico influyó poderosamente sobre las vanguardias y sobre todo el arte del siglo XX», afirma el comisario de la exposición «El arte del pretiempo», Richard Kuba, «y a la vista de estas obras creo que podemos afirmar que los estudios etnológicos que las calificaron como meras manifestaciones de una cultura chamánica negaban la evidencia de que tienen un valor estético innegable. Son arte, un arte que data de hasta 38.000 años de antigüedad». «Estas imágenes demostraron en una Europa pagada de sí misma que el hombre prehistórico no era un ser brutal y sin brillo. África, hasta ese momento un continente ahistórico, comenzó a ser considerado por los estudiosos como la cuna de la civilización y eso supuso un gran giro cultural», anota el director del Instituto Frobenius, Karl-Heinz Kohl. A menudo Frobenius vendió material recogido en anteriores expediciones para financiar las siguientes, era una especie de adicto a la exploración que apenas soportaba el apodo de «Lawrence de Arabia alemán». Su ficha en los anales del espionaje británico aseguraba que «su reputación científica es tan mediocre como la honorabilidad de su conducta», pero las muestras de arte paleolítico que por primera vez en 50 años se exponen ahora en Berlín sobrepasan esas anotaciones de los espías enemigos y constituyen el primer capítulo de la Historia del Arte que se estudia en todos los colegios.


www.abc.es | 1/25/16 10:34 AM
Eritrea, la dictadura de la que huyen sus mejores hijos
A las dos de la mañana del 3 de octubre de 2013, el sueño de Helen Ghilay se escurrió entre los dedos. Apenas a un kilómetro de la costa italiana de Lampedusa, la embarcación de esta joven naufragaba ante el exceso de carga. En la tragedia perdieron la vida 366 personas. Casi la totalidad, de origen eritreo y quienes habían pagado cerca de 1.600 dólares para realizar el cruce. Esa madrugada de otoño, junto a Helen, tres de sus hijos —Esrom, Delina y Bilen, el más pequeño, de solo tres años— también verían ahogados sus sueños en el Mediterráneo. Sin embargo, para entender la historia personal de esta joven eritrea y sus hijos, es necesario viajar 3.500 kilómetros. Porque dos años después de esta herida, Eritrea continúa desangrándose: en los primeros seis meses de 2015, de los 137.000 refugiados y migrantes que llegaron a Europa por mar, el 12% eran eritreos, en la segunda mayor fuente después de Siria. «(La gente abandona Eritrea) ante la ausencia de libertad», asegura a ABC la activista local Meron Estefanos. Recientemente, el alto comisionado de las Naciones Unidas para los derechos humanos hacía público un informe donde se relataban los patrones horribles de tortura, detención arbitraria y la conscripción indefinida que provocan la huida de miles de eritreos cada año de su país de origen. Las 484 páginas del estudio son un baúl repleto de crímenes contra la humanidad y violaciones sistemáticas de los derechos humanos en un «alcance y escala pocas veces presenciado». Desde su independencia en 1993, al menos 10.000 presos políticos, buena parte de ellos sin acusación formal, han sido encarcelados por el Gobierno de Asmara como parte de su cruzada para acallar a las voces críticas. Todos, con nombres y apellidos. Dawit Isaak, arrestado el 23 de septiembre de 2001. Desde entonces, el Ejecutivo ni confirma ni desmiente los continuos rumores sobre su muerte durante el cautiverio. Mahmoud Ahmed Sheriffo, antiguo ministro de Asuntos Exteriores eritreo y exmiembro del «Grupo de los 15», quienes fueron acusados de alta traición por el régimen de Asmara. Algunas fuentes también confirman su fallecimiento en prisión. Una violencia, orquestada desde el Ejecutivo, que ha provocado un éxodo masivo de su población. El pasado año, cuatro de los principales obispos de Eritrea lanzaban una inusual crítica interna a la situación que atraviesa la nación africana, mediante una carta distribuida de forma pública. En la misiva, de 36 páginas y difundida en lengua tigriña, los obispos aireaban la fuga de jóvenes que experimenta la región. «(La juventud de Eritrea va en busca de) países pacíficos, países de justicia, de trabajo, donde uno se expresa en voz alta, un país donde uno trabaja y gana (dinero)», aseguraba el documento firmado por los cuatro religiosos pertenecientes a la iglesia ortodoxa: Mengsteab Tesfamariam, de la capital, Asmara, Tomas Osman (Barentu), Kidane Yeabio (Keren) y Feqremariam Hagos (Segeneti). Un año antes, en 2013, la relatora de la ONU en la región, Sheila B. Keetharuth, lamentaba que la obligación de realizar un servicio militar indefinido (en lugar de los 18 meses que marca la ley) fue citado como la razón principal de los propios eritreos para abandonar su país de origen. «Este sistema mantiene a los eritreos en cautiverio en una situación de desesperación, lo que les obliga a tomar riesgos inimaginables en busca de libertad y un refugio seguro», afirmó la experta, tras realizar una gira por Malta y Túnez. En virtud del artículo 8 del acta de proclamación de 1995, todos los ciudadanos eritreos de edades comprendidas entre los 18 y los 40 años tienen la obligación de realizar el servicio militar, que consiste en seis meses de entrenamiento en un centro de capacitación y 12 meses «plenamente activos». Pese a ello, los 18 meses resultantes es habitual que se amplíen de forma indefinida. Y no es la única represión. En 2013, por ejemplo, Isayas Sium gestó una idea «loca»: crear un periódico. A priori, su empresa ofrecía garantías de éxito, ante la total ausencia de competencia. Calificar de osada su aventura se debe más a la localización geográfica del proyecto, que a las garantías empresariales: en la última década, el Gobierno de Eritrea se ha convertido en uno de los mayores depredadores de la prensa a nivel global. Ejemplo de libertad «El régimen dictatorial posee todos los medios. Las comunicaciones por internet son limitadas y controladas», denunciaba entonces a ABC Sium, uno de los coordinadores de la publicación clandestina «Meqaleh Forto». En su edición inaugural, «Meqaleh Forto», escrito en lengua tigriña y árabe, ofrecía diversos artículos sobre libertad de prensa, así como presentaba a los lectores al grupo opositor «Arbi Harnet» (viernes de libertad), impulsor del diario. Las peculiaridades con las que Sium tuvo que desarrollar el proyecto (este eritreo reside en el exilio) son solo una gota en el océano de represión que rodea Eritrea. Poco o nada queda ya del país considerado, en los 90, ejemplo de libertad y lucha por la igualdad. Un régimen, cada vez más encerrado en sí mismo y donde se acrecienta la paranoia.


sevilla.abc.es | 1/1/16 3:43 PM
Eritrea, la dictadura de la que huyen sus mejores hijos
A las dos de la mañana del 3 de octubre de 2013, el sueño de Helen Ghilay se escurrió entre los dedos. Apenas a un kilómetro de la costa italiana de Lampedusa, la embarcación de esta joven naufragaba ante el exceso de carga. En la tragedia perdieron la vida 366 personas. Casi la totalidad, de origen eritreo y quienes habían pagado cerca de 1.600 dólares para realizar el cruce. Esa madrugada de otoño, junto a Helen, tres de sus hijos —Esrom, Delina y Bilen, el más pequeño, de solo tres años— también verían ahogados sus sueños en el Mediterráneo. Sin embargo, para entender la historia personal de esta joven eritrea y sus hijos, es necesario viajar 3.500 kilómetros. Porque dos años después de esta herida, Eritrea continúa desangrándose: en los primeros seis meses de 2015, de los 137.000 refugiados y migrantes que llegaron a Europa por mar, el 12% eran eritreos, en la segunda mayor fuente después de Siria. «(La gente abandona Eritrea) ante la ausencia de libertad», asegura a ABC la activista local Meron Estefanos. Recientemente, el alto comisionado de las Naciones Unidas para los derechos humanos hacía público un informe donde se relataban los patrones horribles de tortura, detención arbitraria y la conscripción indefinida que provocan la huida de miles de eritreos cada año de su país de origen. Las 484 páginas del estudio son un baúl repleto de crímenes contra la humanidad y violaciones sistemáticas de los derechos humanos en un «alcance y escala pocas veces presenciado». Desde su independencia en 1993, al menos 10.000 presos políticos, buena parte de ellos sin acusación formal, han sido encarcelados por el Gobierno de Asmara como parte de su cruzada para acallar a las voces críticas. Todos, con nombres y apellidos. Dawit Isaak, arrestado el 23 de septiembre de 2001. Desde entonces, el Ejecutivo ni confirma ni desmiente los continuos rumores sobre su muerte durante el cautiverio. Mahmoud Ahmed Sheriffo, antiguo ministro de Asuntos Exteriores eritreo y exmiembro del «Grupo de los 15», quienes fueron acusados de alta traición por el régimen de Asmara. Algunas fuentes también confirman su fallecimiento en prisión. Una violencia, orquestada desde el Ejecutivo, que ha provocado un éxodo masivo de su población. El pasado año, cuatro de los principales obispos de Eritrea lanzaban una inusual crítica interna a la situación que atraviesa la nación africana, mediante una carta distribuida de forma pública. En la misiva, de 36 páginas y difundida en lengua tigriña, los obispos aireaban la fuga de jóvenes que experimenta la región. «(La juventud de Eritrea va en busca de) países pacíficos, países de justicia, de trabajo, donde uno se expresa en voz alta, un país donde uno trabaja y gana (dinero)», aseguraba el documento firmado por los cuatro religiosos pertenecientes a la iglesia ortodoxa: Mengsteab Tesfamariam, de la capital, Asmara, Tomas Osman (Barentu), Kidane Yeabio (Keren) y Feqremariam Hagos (Segeneti). Un año antes, en 2013, la relatora de la ONU en la región, Sheila B. Keetharuth, lamentaba que la obligación de realizar un servicio militar indefinido (en lugar de los 18 meses que marca la ley) fue citado como la razón principal de los propios eritreos para abandonar su país de origen. «Este sistema mantiene a los eritreos en cautiverio en una situación de desesperación, lo que les obliga a tomar riesgos inimaginables en busca de libertad y un refugio seguro», afirmó la experta, tras realizar una gira por Malta y Túnez. En virtud del artículo 8 del acta de proclamación de 1995, todos los ciudadanos eritreos de edades comprendidas entre los 18 y los 40 años tienen la obligación de realizar el servicio militar, que consiste en seis meses de entrenamiento en un centro de capacitación y 12 meses «plenamente activos». Pese a ello, los 18 meses resultantes es habitual que se amplíen de forma indefinida. Y no es la única represión. En 2013, por ejemplo, Isayas Sium gestó una idea «loca»: crear un periódico. A priori, su empresa ofrecía garantías de éxito, ante la total ausencia de competencia. Calificar de osada su aventura se debe más a la localización geográfica del proyecto, que a las garantías empresariales: en la última década, el Gobierno de Eritrea se ha convertido en uno de los mayores depredadores de la prensa a nivel global. Ejemplo de libertad «El régimen dictatorial posee todos los medios. Las comunicaciones por internet son limitadas y controladas», denunciaba entonces a ABC Sium, uno de los coordinadores de la publicación clandestina «Meqaleh Forto». En su edición inaugural, «Meqaleh Forto», escrito en lengua tigriña y árabe, ofrecía diversos artículos sobre libertad de prensa, así como presentaba a los lectores al grupo opositor «Arbi Harnet» (viernes de libertad), impulsor del diario. Las peculiaridades con las que Sium tuvo que desarrollar el proyecto (este eritreo reside en el exilio) son solo una gota en el océano de represión que rodea Eritrea. Poco o nada queda ya del país considerado, en los 90, ejemplo de libertad y lucha por la igualdad. Un régimen, cada vez más encerrado en sí mismo y donde se acrecienta la paranoia.


www.abc.es | 1/1/16 4:56 AM
Más de un millón de migrantes y refugiados llegaron a Europa a través del mar en 2015
El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha cifrado este miércoles en más de un millón el número de migrantes y refugiados que han llegado a Europa por mar en 2015. El organismo ha detallado en su página web que el total de llegadas ascienden a 1.000.573, de las que 844.176 —más del 80%— lo han hecho a Grecia, principalmente a la isla de Lesbos. Por otra parte, 152.000 personas han llegado a Italia, 3.592 lo han hecho a España y otras 105 a Malta. «Un número creciente de refugiados y migrantes se arriesgan en peligrosos viajes en barcas y botes inflables en un intento desesperado por llegar a Europa», ha indicado ACNUR. Asimismo, ha recalcado que «la inmensa mayoría de los que intentan estos peligrosos viajes necesitan protección internacional, ya que huyen de la guerra, la violencia y la persecución en sus países de origen». El organismo, que ha apuntado que «cada año, estos movimientos continúan teniendo un impacto devastador en la vida humana», ha cifrado en 3.735 los muertos y desaparecidos durante estas travesías. Por otra parte, ha detallado que el 49% de las personas llegadas a Europa provenían de Siria, mientras que el 21% lo ha hecho de Afganistán y el 8% de Irak. A ellos hay que sumar un 4% de llegadas desde Eritrea, un 2% desde Pakistán, Nigeria y Somalia, y 1% desde Sudán, Gambia y Malí. Entre estos diez países suman más del 90% de las llegadas. ACNUR ha afirmado además que el 25% de los migrantes y refugiados son niños, mientras que el 17% son mujeres adultas y el restante 58%, hombres adultos. La cifra de llegadas registrada en 2015 supera ampliamente la del año anterior, que se situó en las 216.054, con 3.500 muertos durante ese periodo de tiempo. En 2013 hubo 59.421 llegadas, con 600 muertos intentando llegar a Europa por vía marítima. En un análisis mensual, octubre fue el mes con más llegadas, con 221.374, por delante de septiembre (163.511), noviembre (154.467) y agosto (130.839). Los meses con menos llegadas fueron enero (5.550), febrero (7.271) y marzo (10.131). En diciembre se han registrado 104.690 llegadas.


sevilla.abc.es | 12/30/15 5:48 PM
Más de un millón de migrantes y refugiados llegaron a Europa a través del mar en 2015
El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha cifrado este miércoles en más de un millón el número de migrantes y refugiados que han llegado a Europa por mar en 2015. El organismo ha detallado en su página web que el total de llegadas ascienden a 1.000.573, de las que 844.176 —más del 80%— lo han hecho a Grecia, principalmente a la isla de Lesbos. Por otra parte, 152.000 personas han llegado a Italia, 3.592 lo han hecho a España y otras 105 a Malta. «Un número creciente de refugiados y migrantes se arriesgan en peligrosos viajes en barcas y botes inflables en un intento desesperado por llegar a Europa», ha indicado ACNUR. Asimismo, ha recalcado que «la inmensa mayoría de los que intentan estos peligrosos viajes necesitan protección internacional, ya que huyen de la guerra, la violencia y la persecución en sus países de origen». El organismo, que ha apuntado que «cada año, estos movimientos continúan teniendo un impacto devastador en la vida humana», ha cifrado en 3.735 los muertos y desaparecidos durante estas travesías. Por otra parte, ha detallado que el 49% de las personas llegadas a Europa provenían de Siria, mientras que el 21% lo ha hecho de Afganistán y el 8% de Irak. A ellos hay que sumar un 4% de llegadas desde Eritrea, un 2% desde Pakistán, Nigeria y Somalia, y 1% desde Sudán, Gambia y Malí. Entre estos diez países suman más del 90% de las llegadas. ACNUR ha afirmado además que el 25% de los migrantes y refugiados son niños, mientras que el 17% son mujeres adultas y el restante 58%, hombres adultos. La cifra de llegadas registrada en 2015 supera ampliamente la del año anterior, que se situó en las 216.054, con 3.500 muertos durante ese periodo de tiempo. En 2013 hubo 59.421 llegadas, con 600 muertos intentando llegar a Europa por vía marítima. En un análisis mensual, octubre fue el mes con más llegadas, con 221.374, por delante de septiembre (163.511), noviembre (154.467) y agosto (130.839). Los meses con menos llegadas fueron enero (5.550), febrero (7.271) y marzo (10.131). En diciembre se han registrado 104.690 llegadas.


www.abc.es | 12/30/15 7:01 AM

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